Con una birra en la mano, dándole una calada a mi cigarro se me ocurre pensar…
Somos tan adultos como pensamos?
A medida que la red crece, la mayoría de nosotros nos sumergimos más en ella, conocemos nuevos mundos, nacidos de la imaginación de aquellos que desean crear una realidad alternativa, para el ocio o el negocio.
Día a día nos enfrentamos a nuestra propia realidad, manejándonos con los recursos personales de los que disponemos, para bien o para mal yo me dirijo en mi pequeño mundo personal con cierta soltura, pues aquí sigo, entonces…porque me siento como una niña en la realidad virtual?
Las relaciones personales cara a cara resultan tremendamente impersonales, se mantiene una distancia social estandarizada, procuramos ser correctos o sencillamente nos dejamos encajar en determinados roles de los que difícilmente podremos salir nunca. El que dirán, las primeras impresiones, los juicios de valor, son una constante en la relación con otro ser humano, ya sea tu mejor amigo o el primer desconocido con el que te tropiezas por la calle; sin embargo eso se rompe totalmente en un metaverso virtual, no existe contacto, nadie te mira a los ojos, no transmites ni percibes calor alguno, pero pese a ello, nos desnudamos significativamente ante las palabras de aquellos que no nos pueden juzgar por una careta física que nosotros mismos creamos con nuestro lenguaje no verbal. Aquí no existen posturas abiertas o cerradas, solo tú, con tus pensamientos y toda la libertad del mundo para ignorar a quien desees con un simple muteo.
Enfrentarse a semejante destrucción de nuestras barreras culturales hace que nuestro corazón sea más vulnerable ya que, no en vano, seas un adulto o apenas un niño, tus experiencias vitales no te preparan para algo así.
Conozco matrimonios ideales, cuyos contrayentes se conocieron a través de un Chat, cuando el mirc era una revolución recién salida del horno, parejas que disfrutan de amores impensables para ellos tras años de hablar en negro sobre blanco, sin dejar que el tono de sus voces diera lugar a malos entendidos y yo personalmente he tenido que aprender a caminar desde cero.
Supongo que una vida virtual, requiere de un bagaje emocional virtual, al que sobrevivimos a duras penas con las habilidades adquiridas a partir de una vida “real”.
No dejara nunca de emocionarme el saber que detrás de cada avatar existe una persona, que piensa y siente, por que al fin y al cabo, cuando ando por la calle solo encuentro caretas pétreas que ni sienten ni padecen.
jueves, 15 de enero de 2009
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