Con una birra en la mano, dándole una calada a mi cigarro se me ocurre pensar…
Antes o después nos encontraremos en alguna situación de desventaja social o hablando en plata seremos el último mono. Empezando un trabajo nuevo, teniendo un nivel de reconocimiento o una posición laboral menos aventajada, siendo estudiante…son cosas que a todos nos llega en algún momento y es en ese preciso instante donde las personas que se sienten seguros empiezan a sentirse libres de juzgarnos. Cada uno tenemos una historia detrás que dejamos a un lado para enfrentarnos a nuestro rol profesional. Curiosamente todos juzgan y todos se sienten buenas personas, total, a quien hacen daño?
Pues a nosotros mismos, si a la hora del café lo mejor que tenemos que hacer es criticar a otra persona por qué no encaja en el marco de lo que, bajo nuestra propia perspectiva, debería ser nos perdemos la oportunidad de conocer a ese ser, tímido y distante, al que no le abrimos paso a nuestra vida; pero aun es peor el hecho de que nos convertimos en parte de ese selecto grupo de hipócritas que lloran lo horrible que puede ser la gente.
Todos hemos sido así alguna vez, la enseñanza humana se basa en la repetición de nuestro entrono, lo que no excluye la crueldad, a eso yo lo llame edad del pavo otros hacen de ello una forma de vida.
Una sonrisa, algo de reconocimiento positivo, mantener una actitud abierta, no siempre apetece darlo, sin embargo cuando lo recibes puede cambiar tu día; hacer el esfuerzo a muchos no les valdrá la pena preferirán seguir diciendo lo asqueroso que es el mundo.
Personalmente intento que no me molesten las opiniones ajenas, estar a gusto conmigo misma y obviar esos juicios de valor aun que se hace imposible cuando tiran con bala de plata mirando de tu precisamente solo lo que tú mas odias de ti – todos tenemos complejos-.
Podemos hacer algo para formar parte de la solución sencillamente no siendo parte del problema; tal vez nos sirva recordar que las palabras que mas duelen suelen decirse por la espalda, pero siempre llegan a los oídos de alguien a quien no conocemos, que merece nuestro respeto y al que podemos herir o amargar la tarde. Seré baja, fea, gafotas, gorda, fumadora, granulada, callada o con voz de pito y risa de sillín oxidado pero yo no critico; Francamente…quien lo sabe? Y qué coño importa? Mira tú puto ombligo y date cuenta que los defectos físicos son algo sobre lo que solo tenemos cierto control, mientras que nuestra alma es nuestra responsabilidad y quien critica es mórbido emocional.
jueves, 5 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)